Son palabras que caen de mis manos
desparramadas al viento y buscando un recodo
donde descansar
y guarecerse de tempestades.
Susurros de jazz
que trae la marea baja
el efluvio de otros tiempos...
En tus ojos veía
rascacielos de Nueva York,
inciensos de frutillas,
zapatillas Pony,
una canción de Fleetwood Mac
y un bus amarillo a la escuela.
Las olas traen esos recuerdos
y los vuelve a llevar lejos,
junto a las gaviotas.
Pero sé que cada tanto
volverán a mí,
volverás a mí en esas palabras,
en una canción de Simon & Garfunkel,
en un aroma de incienso a frutillas.
Volveré a esos días
volveré a los veinte años.
Sopla una brisa fresca...
Tu ausencia de los lugares de siempre
me indican que ya te fuiste
aunque nadie quiera o pueda
decírmelo.
Adiós.
"y hasta que volvamos a vernos
que Dios te guarde en la palma de su mano".
sábado, 3 de abril de 2010
viernes, 2 de abril de 2010
Nada de obligaciones
Increíble, dije que iba a dormir lo suficiente como para descansar este laaaaaargo fin de semana, pero aquí estoy desde las seis de la mañana blogudeando y leyendo lo de otros.
Tengo pilas de obligaciones
Visitar a mamá
Visitar a mi suegra
Visitar a Lucia
Planear trabajos de la escuela.
Lo mejor será DORMIR, practicado como deporte.
Tengo pilas de obligaciones
Visitar a mamá
Visitar a mi suegra
Visitar a Lucia
Planear trabajos de la escuela.
Lo mejor será DORMIR, practicado como deporte.
sábado, 27 de febrero de 2010
El tiempo se escurre entre los dedos
Foto:
www.fotopaises.com/ imagenes/AR/1/1132496292.jpg
El tiempo se escurre entre los dedos. Granos de arena, cada grano un día, una hora, un minuto, un segundo. Todo se escurre y es frágil y es efímero. Todo está hecho para perderse.Esta es la historia de una persona que carga con toda su vida en un pequeño bolsito de loneta gris. La persiguen los nazis. Ella corre hacia la plataforma del tren con su pequeño bolsito de loneta gris. Debe alcanzar ese tren para poder huir a la frontera. Del otro lado, adonde no pueden atraparla, viven sus padres ya ancianos. No será fácil llegar. No es fácil salir. En principio ya no recuerda exactamente quién es ni porqué la persiguen. No recuerda si es hombre o mujer, joven o viejo. Antes tenía sueños premonitorios que la preparaban para lo que vendría, pero esos sueños ya han desaparecido hace mucho tiempo. La persiguen porque es judía probablemente. Ella llega ante el tren. Carga con su bolsito de loneta gris que contiene toda su vida, su pasado, todas sus posesiones caben allí. Y es lo primero que arroja dentro del tren que comienza su marcha lentamente y ella se sube de un salto. El andén se pierde en el horizonte que se incendia en un atardecer rabioso. El rojo ardiente de la puesta del sol convierte al horizonte en un paisaje bellísimo y dulcemente triste. Allí está la frontera. Allí viven sus padres ya ancianos que la esperan. Su padre, que había muerto, y ahora tiene el pelo blanco la espera junto a su madre. Pero ella ahora está sola de este lado y no tiene más que su pequeño bolso de loneta gris. Los nazis también logran subir al tren y la persecución sigue arriba. Ella corre de un vagón a otro. En uno de ellos, en lugar de asientos, hay una larga mesa en el medio donde los pasajeros pueden comer, sentados en unos bancos largos paralelos a la mesa. Allí se encuentra con una joven. Es muy bella, de pelo oscuro ensortijado y largo y ojos verdes. Es muy dulce y apacible. Es ese tipo de personas que siempre están seguras de lo que hacen. Le sonríe con dulzura a la fugitiva, que siente celos de la joven bella.Del otro lado de la frontera, esperan sus padres. Ahora que está sentada ante esa mesa, con la joven bella del otro lado, frente a ella, la persecución ha cesado.- Soy Sofía –dice la joven.La fugitiva no quiere hablar, pero Sofía ejerce una fascinación tan fuerte sobre ella que es imposible no mirarla. Y Sofía parece como si la hubiese estado esperando y espera una señal para actuar o decir algo, pero siempre manifiesta serenidad y parece dispuesta a transmitírsela a Claudia.
- La verdad está en el centro. Hay que llegar a él para encontrarla, aunque no siempre nos agrada su apariencia. La verdad es belleza, sin embargo, no siempre se manifiesta en toda su belleza ante nuestros ojos, que están velados por el humo de nuestra subjetividad.La presencia inequívoca de la angustia y los leones sueltos en el viento. Soñar despierta, volver a ser quien era.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Varones
El hombre del ascensor.
Es el que escandaliza mis sueños.
El que destapa mis pies desnudos.
El que murmura obscenidades en mi oído.
Se queda encantado con mi piel,
pero se niega mi cuerpo
por querer ser el amo.
El hombre detrás de la puerta.
El extranjero de los rincones.
Atraviesa los siglos sin problemas
cabalgando en su bicicleta.
Me espía con el rabillo del ojo,
pero finge torpeza
por querer ser el amo.
El hombre al final del pasillo.
Es el que me invita a la luna,
atravesando miríadas en instantes.
Me ama desde la penumbra
como un ladrón al acecho,
pero me escapa por querer ser el amo.
El hombre del acertijo.
El señor de los misterios,
E]. imaginario hacedor de fantasías,
oculto bajo mi cama
silba una balada campesina.
Acuarela: Le voyeur de Mario Lessa
lunes, 21 de septiembre de 2009
'Con sólo mirarme me liberas,aunque yo me haya cerrado como un puño
siempre abres
pétalo a pétalo mi ser,
como la primavera abre con un toque
diestro y misterioso su primera rosa.
Ignoro tu destreza para cerrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos
es más profunda que todas las rosas.
Nadie, ni siquiera la lluvia,
tiene manos tan pequeñas'.
e. e. cummigs
Foto: Obra de Sybile Art
domingo, 20 de septiembre de 2009
sábado, 19 de septiembre de 2009
Sola en la ciudad

Sola, sobre todo sola...
La ciudad dormida sobre su brazocomo mujer entregada al sueño de su amante.
Y yo la contemplo
como voyeur somonolienta,
Ese hombre que me tienta, ese hombre...
sus zapatos bajo la cama.
El collar de perlas se deshace
y los diamantes se guardan
Él espía y yo... sonrío enigmática,
porque en la bruma de este sueño soy
bella.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Mario

Querido Mario:
¿Cómo era yo antes del 10 de marzo de 1990? Ya recuerdo: estaba limpiando mi alma y ya casi la tenía vacía después de haber tirado tantos trastos y cosas que sobraban. Tenía mi alma, mi corazón y mi mente en blanco, radiantes, listos para recibir lo que vendría, y apareciste vos.
No fue amor a primera vista, pero me fuiste llenando la vida con tu huracán de energía y de arte.
¿Cómo era yo antes del 16 de junio de 1990? Ya te intuía...
Juan Manuel y Octavio
En esta vida

Ella es Juana, tiene sesenta y tres años. Él es Juan, tiene catorce. Hoy comparten el banco y la fotocopia del cuento, que es de Juana. Primer día de clases después de las vacaciones de invierno.
Son los únicos que se le animaron al frío y a la noche. En la escuela no hay estufas. Nos miramos sonriendo porque, a pesar de todo, hay clima de intimidad y de familia. Leemos a Maupassant; ellos siguen mis explicaciones tomando notas marginales.
En un intervalo, le pregunto a Juana por sus vacaciones:
— Y…, lindo, porque salgo de mi trabajo a las siete. Yo trabajo en una casa de por acá cerca, pero vivo en Saavedra, así que me volvía temprano…con este frío.
Juana es mucama. Enjuta y austera, tiene el viento cálido de Catamarca en la cara y en la voz.
Juan sonríe. Se lleva bien con Juana. A él también le pregunto por sus vacaciones:
— Bien, me fui a esquiar. A Aspen, Colorado. Me fui con mis viejos.
Su voz tiene un dejo autoritario: firme pero sereno. Es pequeño, el pelo rapadito y está bronceado.
Todos sabemos que está en la Federación de Tenis Internacional y que los grandes del tenis con los que se codea le recomendaron que terminara el secundario. Con su habitual estilo práctico, eligió este colegio nocturno de las afueras de Recoleta que no le trae complicaciones.
Juana sonríe. En otra vida podría haber sido la mucama de Juan, o su niñera. En esta vida, es su compañera de banco y le presta la fotocopia. Yo también sonrío.
Volvemos a Maupassant. Afuera estalla el mundo y hace frío. Adentro, la ceremonia del aprendizaje.
Esta historia es real. Los nombres, también.
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